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La comunidad indígena en Chiapas que cuida el bosque y construye su futuro

Para llegar al ejido Monte Sinaí II El Fénix es necesario recorrer 23 kilómetros de terracería antes de divisar las primeras casas. Conforme se avanza, los árboles dominan el paisaje; el bosque cobija, en muchos sentidos, a esta comunidad indígena que decidió dar un giro a su historia.

Monte Sinaí II El Fénix se ubica en Cintalapa, un municipio en el estado de Chiapas, al sur de México. Es un ejido joven: fue en junio de 1982, cuando Santiago Pérez Gómez llegó a los terrenos de lo que había sido una hacienda dedicada a la explotación forestal y a la siembra de café.

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En este lugar, sin caminos ni servicios de luz o agua, solo habitaba el pastor pentecostés Ramón Sánchez, quien dio nombre al lugar. Esos terrenos eran propiedad nacional. Los primeros habitantes recorrieron un largo camino para conseguir que el Estado les dotara de la tierra. Años después, cuando decidieron cambiar su relación con el bosque, trazaron nuevos senderos.

En Chiapas, uno de los estados del país donde crece la deforestación y predomina la tala ilegal, el ejido Monte Sinaí II El Fénix resalta porque sus habitantes —indígenas tzotziles y tzeltales— decidieron hacer a un lado el desmonte (tala) y apostar por el aprovechamiento forestal sustentable.

Hace casi 15 años, el ejido comenzó su andar por la silvicultura sostenible; hoy cuentan con una empresa forestal comunitaria, un certificado otorgado por el Forest Stewardship Council (FSC) y está a un paso de convertirse en una comunidad instructora sobre manejo forestal.

Dar forma a una comunidad forestal

Santiago Pérez, Abraham Hernández Velazco y Mateo López Sota, los primeros líderes en Monte Sinaí II, llegaron al lugar de diferentes pueblos; habían sido expulsados o desplazados de la región de los Altos de Chiapas, y andaban en busca de un lugar para establecerse.

Durante varios años, los indígenas fundadores del ejido y un grupo de mestizos, que también se encontraba en la región, protagonizaron diversos conflictos territoriales; eso terminó cuando, en 2001, el Tribunal Superior Agrario decidió dotar a cada grupo con tierras separadas. Al ejido Monte Sinaí II se le otorgaron 1080 hectáreas.

“Superar ese periodo les permitió generar la unidad y confianza necesarias para emprender el reto futuro del desarrollo forestal”, considera la doctora María del Carmen Legorreta Díaz, investigadora y especialista en desarrollo rural y regional del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En la actualidad, la comunidad de Monte Sinaí II tiene alrededor de medio millar de habitantes y 56 ejidatarios que comparten la propiedad de mil ochenta hectáreas.

En Monte Sinaí II, las mujeres tienen una participación importante; además de ser ejidatarias, también realizan trabajo forestal. Foto tomada de la página de Facebook de la comunidad.

Antes de que la silvicultura formara parte de su historia, la actividad principal del ejido era la agricultura para autoconsumo y la plantación de café.

“Antes nosotros desmontábamos el bosque para poder sembrar”, recuerda Franco Pérez, hijo de Santiago Pérez. Ahora, “tenemos a la naturaleza en su máximo esplendor”, dice Minerva Pérez, hablante de tzotzil, tzeltal y español, quien habita en el ejido y ha visto su desarrollo a través del tiempo.

Fueron varios factores los que llevaron a la comunidad a replantear su relación con el bosque: el paso del huracán Stan (2005), que acabó con 307 hectáreas de sembradío de café en el sureste mexicano; las plagas constantes en sus campos cafetaleros y los problemas legales que enfrentó el ejido por la tala ilegal en su territorio.

“El gobierno del estado de Chiapas nos apremió para iniciar el manejo forestal. La comunidad tuvo que adaptarse a la idea de que es mejor conservar los bosques que derribarlos”, comenta Franco Pérez.

El ejido comenzó a recorrer el camino para lograr que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) aprobara su Plan de Manejo Forestal, documento que es la guía para realizar un aprovechamiento de los recursos maderables y no maderables del bosque, con base en reglas y normativas que permitan la conservación del ecosistema, su regeneración y una disminución de la degradación del suelo.

.“¿Cómo vamos a comer?” Era una pregunta constante entre los miembros de la comunidad cuando se propuso, en la asamblea ejidal, tener un Plan de Manejo Forestal. Todos estaban acostumbrados a desmontar para sembrar maíz, frijol y papa. Para ellos —asegura la doctora Legorreta— era un sueño conservar el bosque y, al mismo tiempo, generar ganancias de su aprovechamiento.

“Los habitantes afrontaron esas resistencias y aceptaron nuevos desafíos, aunque involucraran un cambio de perspectiva cultural”, explica el doctor Mauricio Guzmán Bracho, investigador de la UNAM y quien, junto con la doctora Legorreta, realizó una amplia investigación sobre la comunidad titulada “La milpa y el bosque. Agencia constructiva del ejido Monte Sinaí II El Fénix.

En mayo de 2006, la asamblea general de ejidatarios aprobó que Monte Sinaí II apostara su futuro al manejo forestal comunitario.

Para pagar a los técnicos que realizaron los estudios necesarios para el Plan de Manejo Forestal y los trámites, la comunidad recibió el préstamo de un empresario de la región, quien les apoyó también al comprar la primera anualidad de madera que obtuvo el ejido.

A finales del 2006, Monte Sinaí II logró la autorización de su Plan de Manejo Forestal, el cual contempla destinar a la producción maderable 484 hectáreas de las mil ochenta que tiene el ejido.

Para garantizar un aprovechamiento forestal sustentable, las 484 hectáreas se dividieron en diez zonas; cada año se selecciona una de ellas para la corta de los árboles. Después en esa área se realizan trabajos para impulsar la regeneración del bosque. Por ejemplo, además de reforestar, se mantiene a los “árboles padre”, aquellos de mejor calidad, para que dejen su semilla, explica Víctor Hugo Sánchez Montoya, ingeniero agrónomo y especialista en sistemas de producción forestal que ha asesorado a la comunidad Monte Sinaí II.

Aquí puedes leer el reportaje completo 

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