1.- Para frenar el avance de esas prácticas dañinas, los colegios de médicos, las sociedades científicas y otros colectivos se han movilizado, dando pie a iniciativas como #SaludSinBulos, porque «entre todos tenemos que desmontar los bulos sobre salud que circulan por las redes y que alimentan algunos famosos», enfatiza Carlos Mateos, coordinador de la iniciativa. ¿Cómo? «Formando al público general y también a los profesionales sanitarios para que sepan buscar información veraz, reconocer lo que no lo es y denunciarlo», continúa.
Desde BuenaVida hablamos con expertos para desmontar algunos de los mitos más extendidos sobre salud.
Pero ese argumento pertenece al pasado y, «en el contexto actual, este refrán no tiene nada, nada absolutamente de cierto. Se puede comer melón por la mañana, para comer, por la tarde y por la noche sin que suponga ningún problema para la salud», afirma tajante Moñino. Sin embargo, recomienda mesura después de una comida copiosa debido a que «comer una cantidad alta de melón con el elevado contenido en agua, puede dificultar la digestión».
Es una fruta muy rica en agua (más del 90% de su peso), vitamina C —importante por su labor antioxidante— y fibra, que ayuda a la digestión. Algunas variedades, como el melón cantalupo, que tiene la pulpa anaranjada, también aportan vitamina A —que ayuda a cuidar la visión, favorece el crecimiento de los huesos y protege el sistema inmune, entre otras labores— y ácido fólico, que ayuda a la creación de nuevas células en el cuerpo. Aunque sí hay una cara B del melón, revela el académico: «Algunos de sus componentes pueden provocar reacciones alérgicas locales como irritaciones, picores en la piel y en la lengua».
3.-«Comer mucho azúcar causa diabetes»
El mito que relaciona el consumo de azúcar con esta enfermedad «surge de la asociación entre el dulce y la diabetes y, por tanto, se cree que la mejor forma de evitarla es suprimir el azúcar«, indica Alfonso José López Alba, endocrinólogo y director de comunicación de la Sociedad Española de Diabetes (SED). Pero parte de una premisa equivocada, continúa este experto: «El azúcar no es nuestro enemigo, es nuestra mejor y mayor fuente de energía. Es el combustible por excelencia del organismo y de forma casi exclusiva el de nuestro cerebro. Por eso tenemos tantos mecanismos de equilibrio hormonal y metabólico para mantener unos niveles fisiológicos de 80 a 140 mg por dl de glucosa en sangre». Y de ahí la pregunta lógica que ya respondimos en BuenaVida: Si el cerebro necesita azúcar para funcionar, ¿por qué tenemos que dejar de comerlo?
Cuando se comen dulces, el organismo responde produciendo un pico de insulina —la hormona que introduce en las células la glucosa circulante en sangre—, y una persona sana segrega la suficiente insulina para mantener el equilibrio. «Pero todo tiene un límite», advierte López Alba, y si el azúcar pasa a ser una parte significativa de nuestra alimentación, se fuerza a las células productoras de insulina y al final claudican. «Un peligro que se puede controlar, más o menos, hasta después de los 50 años, edad en la que se puede entrar en la espiral de ganancia de peso y aumento de insulina, porque el cerebro da órdenes de comer más para neutralizar la insulina y aumenta el apetito. Al final, las células que segregan la insulina se rinden. La diabetes ya está ahí».
La buena noticia es que «la diabetes se puede mantener controlada durante muchos, muchos años», enfatiza el endocrinólogo. ¿Cómo? Con un estilo de vida saludable (dieta sana y actividad física), que incluye mucha moderación con el dulce.
4.- «Para quitar una verruga hay que acabar con la madre de todas las verrugas»
«Las verrugas se contagian por contacto directo (piel con piel) o indirecto (a través de objetos) y las zonas de mayor riesgo de contagio son áreas o superficies húmedas», indica la dermatóloga, que aclara que una piel sana no tendría por qué contagiarse: «El contagio se suele dar cuando hay heridas o problemas, como dermatitis atópica porque las alteraciones de la piel son una puerta de entrada para el virus». Y no todo lo que parece una verruga lo es: «Aquellas que no están producidas por el virus son fibromas o acrocordones, que suelen aparecer en cuello y axilas debido al roce de ropa u objetos», aclara la experta.
Para acabar con esas desagradables protuberancias olvídese de los trucos caseros, la AEDV lo desaconseja encarecidamente por el riesgo de infección: «Tanto las verrugas como los fibromas se pueden quitar con crioterapia y, en el caso de los fibromas, también se pueden cortar (por parte de un profesional) y coagular, para evitar infecciones». Y hay que borrar todo rastro de vírico de verrugas para que no vuelvan a aparecer.
5.- «El desodorante provoca cáncer»
El aluminio no es el único ingrediente de este producto cosmético que está bajo el punto de mira de la rumorología: los parabenos, unos conservantes que imitan la actividad de los estrógenos (hormonas femeninas), tampoco se libran. Una vez más, los estudios desmontan esa hipótesis. A pesar de eso, la ciencia es cauta y los expertos insisten en la necesidad de seguir investigando.
6.- «Para facilitar el embarazo, la mujer debe tumbarse con una almohada bajo los riñones»
La mitología no se queda ahí. Para facilitar la concepción, la sabiduría popular recomienda recurrir a trucos como que la mujer permanezca tumbada bocarriba, con las piernas arriba o flexionadas o cruzadas y con una almohada debajo de los riñones. González desmiente la necesidad de tales malabarismos: «En condiciones normales estas maniobras no son en absoluto necesarias, ya que en los días previos a la ovulación, el cuello uterino produce un moco cervical fluido y filante que impregna la vagina, los espermatozoides del eyaculado al entrar en contacto con este moco cervical rápidamente se activan adquiriendo gran velocidad y orientando su dirección para ascender a través de este y llegar al canal endocervical, útero y trompas».
Esos consejos vienen de hace mucho, incluso algunos médicos los alentaron no hace tanto tiempo. Este especialista en fertilidad confirma que «estas creencias se describen en tratados de fertilidad de tiempos no tan remotos como Fertilidad y Esterilidad en el Matrimonio, escrito en 1932 por el ginecólogo Th. H. Van De Velde».
7.- «Si se te abre la muñeca, hay que vendarla»
La reumatóloga Montserrat Romera, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología explica que lo de muñeca abierta es un término coloquial que se utiliza cuando existe un dolor en la muñeca, de intensidad variable y que aparece con los movimientos laterales y en ocasiones dificulta la movilidad. «Normalmente, se debe a un esguince de la muñeca por estiramiento de los ligamentos. Puede ocurrir después de una caída o después de un estiramiento excesivo. No es aconsejable vendársela sino acudir al médico para que valore el grado de esguince y el tratamiento que debe realizar«, aconseja.
8.- «Beber agua fría hará que te resfríes»
Sí es cierto que la proliferación de virus gripales aumenta en ambientes fríos y húmedos, a los que son más sensibles algunas personas. Precisamente, estas a menudo recurren al escudo del colocarse un pañuelo en el cuello, un hecho que, según Cenjor, se justifica con los mismos argumentos que el agua fría: «Tampoco tiene fundamento científico».
Según el especialista, «el origen del mito se encuentra en el siglo XX, cuando el médico francés Jean Alexandre Barré describió un síndrome según el cual, tras una contusión o latigazo cervical, por activación del sistema simpático pueden aparecer cervicalgias, vértigo (a veces con acúfenos) y migrañas, además de posible congestión nasal y algo de ronquera».
10.- «Se pueden recuperar las horas de sueño perdidas»
La cosa no para ahí: «El tiempo de sueño ‘recuperado’ siempre es inferior —en horas y minutos— al tiempo perdido. Probablemente esto se deba a ese patrón de ‘sueño de alto rendimiento’, mediante el cual el cerebro trata de aprovechar al máximo esas horas de sueño«, prosigue García.
No hay reglas fijas aptas para todas las personas, unas necesitan dormir más que otras en caso de privación de sueño y en condiciones normales, pero lo que sí es común a todos es que «la privación crónica de sueño incrementa la tasa de mortalidad debido a enfermedades cardiovasculares, endocrinológicas o neuropsiquiátricas, además de aumentar el riesgo de sufrir accidentes. Por ello, se debe mantener una adecuada higiene del sueño y tratar de asegurarnos un mínimo de horas que nos permita mantenernos en buen estado en el tiempo de actividad».
Esta nota originalmente se publicó en El País