Los inversores globales han apretado el botón del pánico y las consecuencias se dejan sentir, con especial virulencia, en América Latina. Las principales monedas y Bolsas de la región han abierto la sesión de este lunes con fuertes pérdidas, a rebufo de lo ocurrido en las principales plazas europeas. Todo apunta a un lunes negro, con las plazas y las divisas de los países petroleros particularmente expuestas al batacazo registrado en las últimas horas, con el mercado anticipando una potencial guerra de precios entre Arabia Saudí y Rusia. Pintan bastos para los emergentes, que en el último mes y medio han sufrido la mayor salida de capitales desde que hay registros, y América Latina —siempre expuesta más dependiente de las materias primas— sufre en mayor medida el derechazo.
En tanto, Wall Street ha detenido este lunes durante 15 minutos la cotización, en respuesta automática a la brusca caída de las acciones que componen sus principales selectivos.
Volatilidad, volatilidad y más volatilidad. La consigna en las principales mesas de inversión de los fondos y los bancos es clara: es el momento de retirarse de los activos de mayor riesgo —y América Latina siempre está señalado como tal en las carteras— para refugiarse en los llamados activos refugio —oro, bonos estadounidenses y alemanes, dólar—. El golpe es, por tanto, doble: a la salida de inversores en activos latinoamericanos se une el fortalecimiento del dólar, la divisa contra la que se establecen todas las comparaciones de las monedas regionales. Solo el anuncio de una inyección extraordinaria de liquidez de al menos 150.000 millones de dólares al día por parte de la Reserva Federal estadounidense ha logrado aliviar, mínima y temporalmente, la presión sobre los mercados financieros. Las caídas han arreciado poco después.
El petróleo sufre su mayor desplome en casi 30 años con los mercados anticipando una guerra de precios
Aun siendo generalizado, el desplome se está dejando sentir con especial intensidad, en México. El peso, la moneda más líquida del mundo emergente y el termómetro más fiel de la situación económica del país, retrocede más de un 8%. Es una de las mayores caídas diarias desde que hay registros, solo superada por los quiebros y requiebros de la crisis financiera de 2008 y 2009 y la victoria de Donald Trump —y su marcada retórica antimexicana— en noviembre de 2016, y el nivel más bajo desde enero de 2017, justo después de la victoria de Trump y cuando el riesgo de ruptura del Tratado de Libre Comercial de América del Norte (TLCAN, un instrumento esencial para las exportaciones mexicanas) era máximo. Y pone en riesgo la aplicación de la medicina que se suele recetar en estos casos: la rebaja de tasas de interés.
El principal índice de la Bolsa mexicana se despeña casi 5% este lunes, regresando a niveles de septiembre pasado. El temor viene por varios frentes: mientras China logra, poco a poco, contener la epidemia, los principales focos de coronavirus están ahora en terceros países, entre ellos Estados Unidos —por mucho el mayor socio comercial mexicano—. Además, en plena crisis de su petrolera estatal (Pemex, la más endeudada del mundo), el crudo en caída libre añade un punto adicional de incertidumbre sobre el crecimiento de la economía y la sostenibilidad de la deuda: como si de vasos comunicantes se tratara, cualquier cambio en las perspectivas de Petróleos Mexicanos golpea directamente al bono soberano.
La Bolsa de São Paulo, el índice Ibovespa, ha seguido este lunes la estela de Wall Street al decretar una suspensión temporal de la negociación de acciones después de que se desplomase un 10% poco después de su apertura. Lejos de retraerse, los números rojos han continuado tras la reapertura, en torno al 9%. Todas las empresas del índice están cayendo a primera hora. La petrolera estatal Petrobras ha visto desplomarse sus acciones más de 20%, la multinacional minera Vale en torno al 10% y las firmas financieras en torno a un 7%. El dólar, que lleva meses subiendo frente al real, ha seguido esa tendencia que se ha frenado con la inyección por parte del Banco Central de 3.000 millones de dólares en reservas. La moneda estadounidense cotiza a 4,72 reales tras haber alcanzado los 4,79 reales esta mañana. El riesgo país brasileño escala, por su parte, hasta niveles inéditos desde 2002. El gigante sudamericano tiene una elevada exposición a China: es su principal cliente y destino de casi la tercera parte de sus ventas al exterior.
La crisis encuentra a Argentina en una posición de extrema fragilidad, por la incertidumbre que genera entre los inversores la renegociación de su deuda con el FMI y los acreedores privados. La Bolsa de Buenos Aires caía en la apertura un 12,12%, para luego recuperar a media rueda algo del terreno perdido, con una bajada del 9% en una jornada con muy pocas operaciones.
Los mercados internacionales golpean con especial virulencia a los activos argentinos que cotizan en Wall Street, sobre todo a las empresas del sector energético y bancario. La petrolera estatal YPF cae más de 23%, lastrada por las dudas que un barril de crudo por los suelos pone sobre la viabilidad financiera del yacimiento no convencional de Vaca Muerta, la joya petrolera de Argentina. Entre los bancos de capitales argentinos, el más golpeado es Macro (15,13%) y Grupo Financiero Galicia (13,5%).
El riesgo país, que mide la sobretasa que los bonos argentinos deben pagar sobre los emitidos por EEUU, también se ha disparado por encima de los 2.800 puntos, un 16% más que el viernes, fruto del derrumbe del valor de los bonos emitidos en divisa. Se trata de su mayor nivel desde 2005, cuando el Gobierno de entonces se encontraba en cesación de pagos y negociaba una salida amistosa a su deuda. A principios de febrero, el riesgo país argentino se ubicada sobre los 1.800 puntos.
Las pérdidas bursátiles también están siendo gruesas en Colombia, del 6%. Los efectos del lunes negro han repercutido especialmente en la moneda local. El dólar rompió la barrera de los 3.800 pesos y la abrupta caída del precio del petróleo hizo que la divisa estadounidense alcanzara un nuevo récord tras superar la semana pasada los 3.500 pesos. Estos datos suponen una devaluación del peso en un 9,3% en lo que va de año. En los últimos meses, fue del 13,3%.
Mientras tanto, en Chile el descenso bursátil supera ya el 4%. En Ecuador, una nación particularmente expuesta al precio del crudo, ve cómo su deuda emitida en dólares pierde la quinta parte de su valor desde el viernes. Malos tiempos para una región que arrastra una dependencia histórica de las materias primas y que siente con especial intensidad el golpe de la volatilidad.
Esta nota originalmente se publicó en El País
DETIENEN COTIZACIÓN
Washington.-
Wall Street ha detenido este lunes durante 15 minutos la cotización, en respuesta automática a la brusca caída de las acciones que componen sus principales selectivos. La interrupción temporal de la actividad fue detonada por caídas del Dow Jones y el S&P500 de un 7% apenas cinco minutos después de que abriesen los mercados, arrastradas por la caída en los precios del petróleo y los temores de los inversores a la expansión del coronavirus. Lejos de cortar las pérdidas, en la reapertura los índices perdieron aún más, superando el 7%, para luego recuperarse levemente. La cotización volverá a detenerse si la caída del S&P500, que refleja la cotización de las 500 grandes empresas del parqué estadounidense, llega al 13%. Algo que, a tenor de lo sucedido en el tramo inicial de la jornada, no puede descartarse.
La interrupción de la cotización es un movimiento de emergencia que Wall Street instauró durante la crisis financiera de 2008 para tratar de evitar las ventas de pánico y dar tiempo a los inversores para tomar decisiones con el terreno parejo. Las caídas, similares a las registradas en los parqués europeos, afectaron a los 11 sectores representados en el S&P 500, lideradas por el energético, que se hundió un 10%. El desplome de las acciones ha enviado a los inversores hacia la renta fija —un activo mucho más seguro—, llevando la rentabilidad de los bonos del Tesoro de nuevo a mínimos históricos. El rendimiento del papel estadounidense a 10 años cae por debajo del 0,5%, la mitad que hace solo una semana.
Las turbulencias en los mercados se suceden desde hace semanas, debido en gran medida a la incertidumbre de los inversores, incapaces de cuantificar el impacto económico de la extraordinaria expansión global del coronavirus, que ha superado ya los 109.000 contagios y 3.800 muertes en todo el mundo. A ello se ha sumado este fin de semana la batalla entre dos de los principales productores mundiales de petróleo, Arabia Saudí y Rusia. La ruptura de las negociaciones entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y Rusia, en su intento de recortar la demanda ante la ralentización de la economía causada por la crisis del coronavirus, ha provocado una violenta caída de doble dígito en el precio del crudo, del que EE UU es primer productor mundial.
“Arabia Saudí y Rusia están discutiendo sobre el precio y el flujo de petróleo. ¡Esa, y las noticias falsas, es la razón de la caída de los mercados!”, ha tuiteado Donald Trump. El presidente, en pleno año electoral, temeroso de que una ralentización de la economía erosione su principal argumento para la reelección, ha sido objeto de críticas en las últimas semanas por relativizar la gravedad de la crisis del coronavirus. “El año pasado 37.000 estadounidenses murieron por la gripe común. Es una media de entre 27.000 y 70.000 muertes por año. Nada se ha cerrado, la vida y la economía siguen adelante. En este momento hay 546 casos de coronavirus confirmados, con 22 muertes. ¡Piensen en ello!”, ha tuiteado tras el cierre temporal de Wall Street.
La Reserva Federal ha anunciado este lunes un incremento de 50.000 millones de dólares en los montos del dinero que inyecta diariamente a los mercados financieros, hasta llegar a los 150.000 millones. Aumentando esa cantidad de dinero que ofrece a los bancos en préstamos a muy corto plazo, según ha explicado la Fed en un comunicado, pretende «contribuir a un mejor funcionamiento de los mercados de financiación a medida que sus participantes implementan planes de resiliencia en respuesta al coronavirus”. El banco central estadounidense realizó la semana pasada un recorte de tasas de emergencia de medio punto, bajando el rango a entre el 1% y el 1,25%, para aumentar la confianza ante la crisis.
Esta nota originalmente se publicó en El País