Oaxaca tiene 350,341 establecimientos económicos. Un millón de personas trabajan en ellos. Pero detrás del volumen, los Censos Económicos 2024 del INEGI revelan otra realidad: un tejido productivo dominado por la informalidad, la microempresa, la fragilidad estructural y una digitalización aún incipiente.
Del total de unidades económicas, el 72 % pertenece al sector privado y empresas paraestatales. Son 252,176 unidades que emplean a 612,999 personas. De ellas, el 98.2 % son microempresas, es decir, negocios con menos de 10 empleados. Representan tres de cada cuatro trabajos, pero sólo aportan el 36.9 % del valor agregado censal bruto. En contraste, las empresas grandes —apenas el 0.02 % del total— concentran el 29.8 % de ese valor, confirmando que pocos actores generan casi un tercio de la riqueza.
La informalidad es otro eje. En 2023, el 81.5 % de las unidades económicas en Oaxaca operaban sin registro formal. El personal ocupado en esas unidades pasó de representar el 50.1 % en 2018 al 53.1 % en 2023. El acceso a derechos laborales, seguridad social y estabilidad sigue siendo una excepción. Y aunque las unidades formales generan el 83.5 % del valor agregado, su presencia se reduce: eran el 20 % en 2018, ahora son sólo el 18.5 %.
En cuanto al tipo de empleo, el 55.5 % de la fuerza laboral está compuesta por propietarios, familiares y trabajadores no remunerados. Sólo el 44.9 % recibe un pago formal. El outsourcing, que en 2018 representaba el 5.2 %, cayó a 0.4 %; no porque se haya regulado de forma universal, sino porque los esquemas de tercerización se transformaron en prácticas internas con otras denominaciones.
Los sectores con mayor participación femenina están en los márgenes del poder económico: hoteles y restaurantes (66.2 % de mujeres), servicios educativos (61.1 %) y comercio al por menor (60.5 %). Donde se concentra la riqueza y la infraestructura —pesca, transporte, construcción— los hombres representan más del 80 % del personal.
La contratación de personas con discapacidad se mantiene baja. Sólo 3,381 unidades lo hacen, y la mayoría se concentra en el comercio. Las principales discapacidades reportadas son dificultad para ver, caminar o comunicarse, pero los empleos ofrecidos rara vez se ajustan a estas condiciones.
En tecnología, los números son modestos. Apenas 41,224 unidades económicas usan internet. Menos del 1.5 % utiliza inteligencia artificial, y sólo 0.5 % tiene robótica avanzada. La impresión 3D apenas alcanza el 1.4 %. Buscadores y repositorios dominan, pero el resto de las herramientas digitales siguen sin incorporarse en un tejido empresarial que se mueve más por tradición que por innovación.
Los sectores económicos con mayor crecimiento no son industriales ni tecnológicos, sino comerciales. El mayor aumento en valor agregado entre 2018 y 2023 lo tuvo el comercio al por mayor de cerveza (1,659 millones de pesos), seguido por materiales de construcción y bebidas no alcohólicas. El negocio de las botanas creció a una tasa media anual del 42 %, más que cualquier otro rubro. Oaxaca es tierra de abarrotes, no de algoritmos.
En síntesis, los resultados definitivos del censo muestran que Oaxaca es un estado de muchas manos y pocas herramientas. El trabajo abunda, pero la formalidad escasea. La producción se sostiene por volumen, no por eficiencia. La modernidad llega despacio, casi a pie. El diagnóstico no busca adornar la economía local, sino señalar lo que aún falta para convertir el esfuerzo cotidiano en estructura sólida.