La mejor información en tus manos

Unión, remedio para bajarlos efectos de la crisis

La crisis económica mundial no es coyuntural ni obedece a simples desajustes financieros revisables, es un tema de salud. Es una crisis global, sistémica y estructural.

Una crisis sanitaria que por ahora no ofrece respuestas satisfactorias a los ciudadanos en cuestiones tan esenciales como el empleo, la inserción social, la salud y la educación, que expulsa del sistema a amplios sectores de población, que separa la ética de la economía y no deja espacio a la justicia social y a la solidaridad. Se han ensayado, con escasa eficacia, fórmulas que, para enfrentar las crisis y reactivar la economía, desatienden otros modelos que corrijan las deficiencias de las estructuras vigentes, que distribuyan el trabajo socialmente necesario con programas para los más desfavorecidos, que inviertan en salud y educación, y que avancen hacia la sostenibilidad en el empleo.

En el contexto actual de la globalización, el margen de maniobra y la capacidad de decisión de los estados soberanos se han visto fuertemente condicionados por la creciente interdependencia de la economía y el puesto medular que ocupa el capital trasnacional. Las políticas sociales propias de un Estado de bienestar, orientadas a compensar a través de una redistribución de la renta y de prestaciones sociales las injusticias y carencias propias de una economía de mercado, han quedado seriamente comprometidas. El Estado de bienestar, cuyo referente es el Estado social, expresa la intervención pública en la actividad económica y en las garantías de los derechos y obligaciones políticos y sociales.

El elevado nivel de desempleo, la pobreza, la exclusión social y las políticas nacionales, con fuertes ajustes en el gasto público social, ponen en crisis el Estado de bienestar como construcción política, económica y social.

La crisis económica ha demostrado que el enfoque estratégico de la construcción social adolece de imperfecciones y deficiencias económicas, políticas e institucionales, que deben ser corregidas para preservar los niveles de bienestar y de convivencia pacífica, a través de un impulso de una integración mundial entendida no sólo como proyecto económico, sino también como proyecto de sociedad o modelo social.

Con la crisis económica han quedado evidenciadas las disfunciones de la arquitectura institucional de la gobernanza mundial, y su incapacidad para tomar decisiones consensuadas sobre temas clave.

Urge repensar el Estado de bienestar como proyecto político y defender una reorientación de los gastos sociales y sus prioridades, que dé respuesta a las demandas sociales, con apoyo a las familias, a la conciliación de la vida familiar y laboral, a la igualdad de oportunidades, a la educación y a la sanidad.

La solución pasa por crear instrumentos de redistribución económica y social.

POR LUIS DAVID FERNÁNDEZ ARAYA

ECONOMISTA

@DRLUISDAVIDFER

eadp

Escucha aquí nuestro exclusivo podcast de Coronavirus:

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.